Importancia de las cicatrices

Las cicatrices podrían definirse como aquellas marcas que quedan en la piel después de un proceso de reparación de un tejido que ha sido agredido de alguna manera, como un corte, un desgarro, una quemadura, heridas quirúrgicas, etc. Dependiendo del tipo y profundidad de la agresión en el tejido, provocará unas consecuencias u otras.

La apariencia que estas cicatrices dejan en la piel, dependen de varios factores como: el tamaño y la profundidad de la herida original, donde esté localizada, el tiempo que haya tardado en cicatrizar, y otros factores como la edad de la persona o su que su componente genético haga más o menos eficaz el proceso.

Las cicatrices suelen desvanecerse con el tiempo, pero nunca desaparecen del todo quedando una marca en la piel, y lo que es más importante, generando mayor o menor número e intensidad de adherencias con los tejidos adyacentes.

Este proceso de cicatrización consiste, fundamentalmente, en “tapar” el espacio que ha dejado la herida y consta de varias fases. Aunque biológicamente no están diferenciadas y, además, se superponen en el tiempo, en cada una de ellas predomina un tipo de fenómeno que la caracteriza:

  • Fase inflamatoria: Se da desde el momento en el que se produce la herida, hasta el tercer o cuarto día. Aquí se produce la hemostasia de la herida con la llegada de las plaquetas y la formación del trombo de fibrina. Cuando esto ocurre, acuden los macrófagos y neutrófilos polinucleares que inician el proceso de inflamación y se encargan de limpiar los agentes contaminantes.

Esta función de mantener la hemostasia es complementada con una vasoconstricción refleja importante.

Una vez se detiene el sangrado, se produce la vasodilatación de la herida aumentando el flujo sanguíneo, así se produce un abastecimiento de neutrófilos, monocitos y linfocitos al lugar de la herida, lo que dará como consecuencia:

  • La fagocitosis de cualquier sustancia, bacteria o tejido residual.
  • La producción de citoquinas y factores de crecimiento que sintetizan la matriz (tejido de granulación).
  • La síntesis de óxido nitroso que cumple una función antimicrobiana.

 

  • Fase proliferativa: Dura hasta los 14 días. En esta fase se produce la reepitelización de la herida y posteriormente la angiogénesis, es decir, la formación de nuevos vasos sanguíneos en el lecho de la herida.

Se caracteriza por 3 procesos diferentes:

  • La granulación: aquí se produce la angiogénesis junto con la proliferación de fibroblastos y producción de colágeno.
  • La epitelización: está mediada por los queratinocitos, que harán que se forme una barrera para proteger de la infección y la pérdida hidroelectrolítica.
  • La contracción: se produce la diferenciación de fibroblastos en miofibroblastos. Estos miofibroblastos tienen una capacidad contráctil importante que hace que los bordes de la herida se aproximen entre sí. La apariencia de la herida después de esta fase es menos inflamatoria y más resistente.
  • Fase de maduración o remodelación de la cicatriz: Puede durar hasta 2 años, y es donde se produce la maduración o remodelación de la cicatriz.

Se caracteriza por el depósito de colágeno en la herida. Este proceso es sumamente importante y tiene después una gran repercusión clínica ya que, dependiendo de la calidad, cantidad y buena organización de las fibras de colágeno, resultará una cicatriz con mayor fuerza tensil o menos.

Una vez que conocemos como es el proceso de formación de las cicatrices, veremos qué consecuencias tienen desde el punto un punto de vista global, y como podemos tratarlas.

Como hemos visto, en el momento en que se produce una herida en el organismo hay un proceso de reparación, pero no solo en el lugar de la piel en el que es visible, sino en toda la profundidad que haya alcanzado la herida. Si, por ejemplo, tenemos una herida quirúrgica, la cicatriz llegará desde la incisión en la piel hasta la zona intervenida, atravesando todos los planos de tejido que sean necesarios. Por esta razón, la cicatrización afectará a todos estos planos generando puntos de tensión o adherencias, impidiendo que los tejidos dispuestos en los distintos niveles puedan deslizarse entre sí y disponer de una correcta movilidad, alterando con ello su función.

En este punto es importante aclarar que el organismo está compuesto, además de por estructuras como huesos, músculos, tendones, ligamentos, etc, por un sistema denominado “fascial” que los interconecta a todos. Podríamos decir que ese sistema es una fina capa de tejido conectivo que “envuelve” distintas estructuras, tomando un nombre distinto dependiendo de cuál sea. Por ejemplo, se llamará pericardio si envuelve al corazón, pleura si envuelve al pulmón, aponeurosis cuando nos referimos al tejido muscular, etc. Y es muy importante destacar que es continua en todo el organismo, por lo que una tensión en una zona, podría generar problemas de funcionalidad en otra distinta.

Es por esto que vemos en muchas ocasiones que una cicatriz que presente adherencias tras una intervención quirúrgica para extirpar el apéndice, puede generar tensiones fasciales que acaben afectando la función del hombro derecho del paciente.

¿Qué otras consecuencias puede tener una cicatriz con adherencias que no haya sido tratada?:

  • Acortamiento muscular.
  • Contracturas.
  • Disminución del recorrido articular.
  • O incluso estreñimiento, náuseas, acumulación de gases, etc, si la cicatriz es la consecuencia de una intervención a nivel abdominal.

Podemos sospechar que nuestra cicatriz haya generado adherencias si notamos síntomas como:

  • Hipersensibilidad o falta de sensibilidad en la zona de la cicatriz o alrededor.
  • Tirantez o falta de elasticidad.
  • Sensación de no poder realizar el movimiento normal.

Tras ver esto, podemos hacernos una idea de la gran importancia que tiene el tratamiento de las cicatrices y sus adherencias, en el restablecimiento del equilibrio de la persona.

Para tratar las cicatrices desde la terapia manual, disponemos de varias alternativas:

  • Masaje transverso profundo y superficial.
  • Técnicas de liberación fascial.
  • Electroterapia: corrientes, ultrasonidos, electrólisis percutánea, etc.
  • Diatermia (en nuestra clínica Silvia Molins disponemos de un avanzado equipo que ayuda en gran medida a revascularizar la zona y mejorar el proceso de reparación del tejido).
  • O incluso otras modalidades que puedan influir indirectamente sobre la mejora en la funcionalidad de la cicatriz como: fisioterapia respiratoria, ejercicio físico, etc.

Si tras la aplicación de estas técnicas no se han conseguido los resultados esperados, es posible que sea necesaria una intervención quirúrgica para limpiar el exceso de tejido o las adherencias que se hayan formado. Sin embargo, cabe destacar que esto generará una nueva cicatriz que habrá que tratar de manera precoz para que no vuelva a repetirse la misma situación.

En la clínica Silvia Molins, tenemos gran experiencia en el tratamiento de estas cicatrices así como en la evaluación de qué otros trastornos pueden estar ocasionando en otras zonas del organismo. Si tienes alguna cicatriz de cualquier tipo, ponte en contacto con nosotros para que podamos pautar el mejor tratamiento posible, así como recomendarte las mejores medidas de mantenimiento para realizar en casa.