Sensibilización central y dolor crónico

Cuando notamos un dolor en un momento dado, normalmente responde a que se ha sufrido algún tipo de agresión en un tejido, por ejemplo un golpe en un dedo. Los receptores del sistema nervioso de esa región se estimulan con ese impacto, y conducen esa señal por sus vías de transmisión que son, en este caso, las neuronas. Cuando éstas llegan a la médula espinal hacen relevo con otras que ascienden hacia estructuras cerebrales, y de ahí a la corteza donde nos hacemos conscientes del dolor que se nos ha provocado.

Esta transmisión es la que ocurre de manera fisiológica cuando sufrimos un daño, y desaparece una vez la agresión ha finalizado. Sin embargo, es posible que como consecuencia de que el sistema se vea estimulado durante mucho tiempo, tanto las vías de transmisión, como las estructuras cerebrales encargadas de registrar ese estímulo, se queden activas de manera permanente, incluso aunque la agresión inicial que hubo en el tejido haya desaparecido.

A este tipo de vías se las conoce como vías ascendentes, porque van desde la periferia hasta el cerebro, pero también existen otro tipo de vías que intervienen en este proceso, y reciben el nombre de vías descendentes. Estas vías se encargan de inhibir esta sensación dolorosa que se está transmitiendo. Al igual que las vías ascendentes pueden quedarse activas, estas vías se inactivan perdiendo su capacidad de inhibir el dolor.

El dolor, en este caso, se transmite por unas vías ascendentes que están hiperexcitadas y se controla por unas vías descendentes que lo inhiben que están apagadas. De esta forma se produce una amplificación del dolor a nivel central.

A grandes rasgos, esta situación es lo que se conoce como sensibilización central.

La prevalencia de la sensibilización central es bastante frecuente, y se da más en las mujeres. Aproximadamente, y dependiendo de las patologías, se calcula que entre un 17% y un 35% de la población con dolor crónico puede tener una hipersensibilización central.

La causa de que la prevalencia sea mucho mayor en mujeres podría ser por su sensibilización especial, así como por los controles de las vías ascendentes y descendentes, aunque no se sabe muy bien por qué les afecta más. También hay un componente genético.

Entre los principales síntomas de esta patología están:

  • Dolor muscular.
  • Dolor articular.
  • Dolor de cabeza.
  • Cansancio.
  • Trastornos del sueño.
  • Depresión.
  • Sequedad vaginal.
  • Trastornos cognitivos, etc.

Además, existen otras entidades diagnósticas que pueden acompañar también a las personas que sufren de sensibilización central, como:

  • Fibromialgia.
  • Fatiga crónica.
  • Sensibilidad a alimentos.
  • Sensibilidad química múltiple.
  • Electrosensibilidad.
  • Migraña.

Este tipo de patologías inespecíficas conllevan un dolor crónico no explicado, y podrían tener su explicación en todos estos procesos que hemos comentado.

Respecto al tratamiento, debe ser multidisciplinar. En este sentido, deben intervenir diversos profesionales de la salud como el reumatólogo, el rehabilitador, el fisioterapeuta, el traumatólogo, etc.

Desde la atención médica se suelen recetar medicamentos encaminados a conseguir una neuromoulación del dolor, además de diversos analgésicos. Por ejemplo, paracetamol, tramadol, inhibidores de la recaptación de serotonina, potenciadores del GABA. Este es un punto que a los pacientes suele darles miedo e incertidumbre, y se muestran reacios a la toma de estos medicamentos. Es cierto que estos medicamentos puede parecer que nada tengan que ver con nuestra patología, si lo que tengo es dolor “¿por qué razón me recetan un antidepresivo?”, o “es que la Lyrica tiene muchos efectos secundarios”.

Sobre esta cuestión, decir que sí que tienen una razón de ser ya que, pese a que estén indicados de manera principal a otras patologías, a las dosis a las que se recomiendan ejercen ese efecto neuromodulador que buscamos, y es segura su toma. Como ejemplos estarían la amitriptilina, la pregabalina o la gabapentina.

De hecho esta medicación es mucha mejor opción que otra medicación antiinflamatoria convencional como el ibuprofeno, que apenas tiene efectos beneficiosos sobre este tipo de dolor, y sí la otra medicación con una acción central.

También existe la posibilidad de tratar este trastorno mediante la terapia manual, aportando grandes resultados. De hecho, cuando este sistema de alarma se mantiene activo durante mucho tiempo estimulando al sistema simpático (ver artículo sobre el sistema nervioso vegetativo o autónomo), los músculos también se encuentran sobreestimulados para poder enfrentarse o salir huyendo de esa situación de estrés. El problema es que este estado no se puede mantener permanentemente, y los músculos empiezan a contraerse y acortarse sintiéndose rígidos, especialmente los hombros, espalda, cuello, etc. Aquí la terapia manual tiene mucho que hacer para conseguir relajarlos y devolverles la funcionalidad.

En este sentido, la fisioterapia y la osteopatía son altamente eficaces para el tratamiento de estos procesos que cursan con dolor. Con ellas se busca el desarrollo adecuado de las funciones que producen los sistemas del cuerpo, donde su buen o mal funcionamiento repercute en el movimiento corporal. Todo ello mediante técnicas como el masaje, los estiramientos, las movilizaciones articulares, las maniobras de alta velocidad, técnicas funcionales o ejercicios recobrando con ello el adecuado movimiento y las funciones físicas.

En la clínica Silvia Molins somos especialistas en la aplicación de estas técnicas y en el abordaje global del dolor crónico.

También se ha demostrado eficaz la aplicación de diatermia para conseguir desensibilizar este sistema hiperactivado, gracias a que también produce un efecto neuromodulador, como ya hemos visto que también se encarga la medicación. Disponemos de una máquina para la aplicación de diatermia con una amplia versatilidad, ya que nos permite abordar cualquier región del cuerpo, incluso intracavitaria, lo que es de gran utilidad si se sufre de una sensibilización como consecuencia de una neuralgia del nervio pudendo, por ejemplo.

Además, también existen una serie de consejos nutricionales para fomentar la síntesis de serotonina a nivel intestinal, o incluso de GABA, ayudando así a la normalización bioquímica del proceso.

Por tanto, si sufres de dolor crónico como consecuencia de esta sensibilización central, ponte en contacto con la clínica Silvia Molins y pondremos en marcha todo el arsenal terapéutico de que disponemos para ayudarte en el proceso de curación.